Hace tiempo que quiero hacer esto.

Hace tiempo que imagino. Pero eso ya lo sabéis los que andáis por aquí de vez en cuando.

Hay mañanas que me despierto con la sensación de que cada día es un comienzo. Y creo que es bueno. Me incita a dejar la puerta abierta a ver si de este modo entran las ideas y con ella un soplo de aire fresco.

Así es como quiero que sea esta sección de mi blog a la que llamaré “PALABRAS Y MUNDO ”, donde me apetece compartir contigo un poco más de lo que soy. Una pizca de donde quiero llegar.

Me encanta viajar, es más, no concibo la idea de haber llegado hasta este instante  de no ser por lo que mis sentidos han experimentado. Pero a pesar de que me apetece muchísimo hablar de los sitios en los que he estado, dejaré esa parte y otras muchas para más adelante.

Hace tiempo que descubrí que la única manera de ser feliz es haciendo lo que te gusta. Y si no lo sabes, que es muy probable, intenta descubrirlo. Te garantizo que el proceso es realmente gratificante.

Hay quien se dedica a coleccionar sellos, otros coleccionan discos de vinilo y si me pongo a citar colecciones tendría que escribir una enciclopedia sobre ello.

Se me ocurrió escribir sobre esto, el otro día cuando una simple foto de Pinterest llamó mi atención. Y me paré a pensar en las cosas que me gustaba coleccionar de niña. Canicas y poco más…

Lo reconozco, nunca he sido muy psicofan de nada ni nadie. En mi adolescencia coleccioné algunos discos de Take that, pero la fiebre no fue preocupante. Soñaba de vez en cuando con aquellos muchachos, pero lo normal de esa edad. Ahora los oigo de fondo mientras escribo este post.

Mentiría si dijera que mi afición por escribir llegó después. Lo que sí llegó más tarde fue la pasión. Tuve que crecer para darme cuenta que lo que realmente me gustaba  era coleccionar letras. Juntar las palabras y hacer con ellas una simbiosis de emociones. Un compendio de historias pasadas, de fotogramas almacenados, un cóctel de sentimientos…

Tuve que madurar para admitir que esto no es sencillo y sería cínica si dijera que no es arriesgado. A veces es incluso gris. Pero es lo más parecido a una colección para mí. Se requiere constancia, perseverancia y técnica para almacenar objetos y ordenarlos adecuadamente. Para lograr una colección que acabe valorada en una fortuna. Para reconocer que te gusta tanto algo que no eres de capaz de subsistir sin recopilarlo.

Será por eso que se me ha ocurrido coleccionar momentos y dejarlos plasmados en este blog. Probablemente no tendrán el valor de una incalculable selección de relojes antiguos. Pero son míos y he decidido escribirlos yo, lo que hace que quiera continuar, que no es poco. Y si tú decides leer mis palabras, serán de un valor inconmensurable para mí.

Una de las cosas que he averiguado mientras veo las manecillas del reloj avanzar, es que no existe un periodo determinado para comenzar a hacer eso que te apasiona.  Aquello que te inquieta y que no dejas de posponer.  No puedes retrasarlo. Pronto te darás cuenta de que un instante se convierte en un trance, y lo que llamas ahora dentro de un tiempo será una época. Ya sé que suena a clásico mencionar el famoso adagio latino Carpe Diem, pero si logras comprender su significado, harás que una situación se transforme en una ocasión.  Que una mera circunstancia sea  tu gran oportunidad para descubrir algo que ni tú mism@ sabías.

Hace un año se me ocurrió hacer surf. Sí, así, sin tener ni idea de lo que ese deporte implicaba. Me desperté un día y decidí no aplazar más lo que venía siendo un capricho desde hacía mucho. Pensé que mi fascinación por el mar y mi determinación por no dejar pasar ni un minuto más sin intentarlo, serían más que suficientes para que mis piernas no temblasen y se mantuviesen erguidas. Me puse un traje de neopreno y agarré aquel trozo de madera ajena a que ese objeto requiere cierta habilidad y destreza para ser utilizado. Me cegué de ganas y supongo que no hace falta que de detalles de cómo acabó semejante experiencia.

Desde entonces contemplo el océano con verdadero respeto. A veces incluso con miedo. Sé que volveré a intentarlo dentro de poco, pero esta vez será con unas clases previas. Es más me comprometo a compartir con vosotros el experimento…

Ahora veo que no hay tanta diferencia entre hacer surf y escribir. Es decir, para ambas cosas se requiere técnica, conocimientos y práctica.

Yo solo pretendo practicar un poco antes. Poder decirte que es lo que me apasiona y me asusta en las mismas proporciones. Poder coleccionar letras y quien sabe, igual un día, de estas muchas letras, me hago de una colección de libros…

Mientras tanto seguiré bañándome en el mar, sin tabla de surf, por ahora, pero con mis sentidos puestos sobre el teclado.

Si el secreto está en la práctica, quédate por aquí y vamos viendo que tal se me da. 😉

Gracias de todo corazón por acompañarme.

 

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