¿Cómo es tu mamá?

Cuando era pequeña, en el colegio, solían hacerme esta pregunta.

Cada vez que se aproximaba el Día de las Madres, elaborábamos una postal en la que teníamos que describir a nuestra madre y hacer un retrato de ella.

Yo decía que mi mamá era la mejor del mundo. Que era buena, guapa y cariñosa. En mi retrato ella lucía el cabello largo y suelto y sus ojos eran grandes y recubiertos de unas larguísimas pestañas. Vestía un sobrio vestido rosa y sobre su cabeza yo dibujaba una brillante corona. Y para complementar la felicitación, en una de sus manos, le pintaba una sencilla flor, que a menudo era una discreta margarita.

Hoy, si me hicieran esa misma pregunta, mi respuesta sería muy distinta. Ahora la conozco mucho mejor:

Mi mami ya no es una bonita reina de cuento. Ahora es mucho más que eso.

Mi mami es la mujer de las mil batallas. La que desafía al miedo y espanta adversidades.

Mi mami es titulada en soluciones y tiene un master en abrazos que sellan corazones. Ella es cocinera, costurera, psicóloga, enfermera, peluquera, contable, chófer y hasta vidente. En serio, lee la mente.

Mi mami no es delicada como el cristal, ella está hecha de puro hierro.

Mi mami es una mujer valiente, luchadora, audaz, perseverante e infinitamente invencible.

Mi mami es una dinámica guerrera. El espejo en el que quiero mirarme. Es coraje, arrojo, serenidad y aplomo.

Mi eterna amiga, mi leal confidente.

Mi mami es cielo, es tierra y es mar.

Mi mami es fuerza, es historia y es savia.

Mi mami es destello… es fuego.

Ella no sólo hace que mi vida sea fácil, hace que sea posible.

Si tuviera que dibujarla, ahora ya no luciría un aburrido vestido rosa. Ahora llevaría un traje de cuero tipo Cat Woman adornado con una capa roja como la de Superman. Sus ojos mágicos ya no los pintaría rodeados de unas larguísimas pestañas, ahora estarían protegidos por un antifaz para preservar su poder sobrenatural de leer la mente. Sus curtidas manos ya no sostendrían una frágil margarita, ahora exhibirían en posición de defensa y estarían cubiertas por unos enormes guantes de boxeo. Con ellos me defenderá de todos los golpes que inevitablemente la vida me depara. Pero menos mal que son de acero. Pobre del que los pruebe.

Mi mami ya no es una bonita reina de cuento. Claro que no.

Mi mami es una extraordinaria heroína, y yo aspiro a ser como ella.

Te quiero, mamá.

#FelizDiadelasMadres.

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