Nací un 10 de mayo de 1980 y, aunque es casi imposible visualizar una imagen exacta de tu primer recuerdo, yo sé con seguridad que la mía está en un cuarto y último piso de una vieja finca del casco antiguo de mi ciudad.
Allí, sentada sobre una deslucida mesa de madera, con las piernas colgando, y escuchando canciones de Mecano, Camilo Sesto y Richard Cocciante. Y, por supuesto, otros muchos grupos ochenteros que formaban parte de los gustos musicales de mi madre y que más tarde acabarían en los archivos de la banda sonora de mi vida.
 

Por aquel entonces no sabía mucho de mi futuro, y ahora solo me limito a aprender.

No supe que me gustaba leer hasta que cayó en mis manos un novela negra infantil titulada “El cartero siempre llama mil veces” y descubrí que dentro de un puñado de páginas puedes encontrar un mundo desconocido.

 
 
No supe que me gustaba escribir hasta que sostuve un lápiz y me di cuenta que las palabras no son trazos inertes, si no que cada sílaba conlleva una sensación, así como las notas musicales componen una hermosa melodía.
 
 
 
 
No supe que me fascinaba la Coca-cola con palomitas, hasta que las probé. Y tampoco supe que saben mucho mejor en el cine con alguien que te gusta, hasta que me invitaron a probarlas allí.
 
No supe que significaba tener un mejor amigo, hasta que conocí a uno con el que podía tumbarme sobre la arena de la playa en plena noche e imaginar como seríamos con más mundo.
 
 
No supe que era tener amigas y dejar algunas por el camino, hasta que tuve a las mejores compartiendo conmigo las primeras experiencias y las más grandes de las locuras.
 
 
 
No supe que era enamorarse, hasta que descubrí que las casualidades a veces terminan llamándose destino.
 
 
 
No supe que hay personas que pueden permanecer inmortales en tu corazón, hasta que comprendí que mi  padre había impregnado de momentos felices mi infancia.
 
 
 
No supe que era tener un bebé en tus brazos y sentir que alguien tan pequeño puede poner tu mundo del revés, hasta que la fuerza de la naturaleza me demostró que su poder es infinito.
 
 
 
No supe que era tener un blog, hasta que una persona muy especial me animó a crear uno y llenarlo de Palabras y Sueños.
No supe que tejer una aspiración puede ser algo verdaderamente hermoso y gratificante, hasta que alguien como tú decidió leer a alguien tan desconocido como yo.
Gracias por tu tiempo.
Si te ha gustado, compártelo
Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestEmail this to someone
error: Content is protected !!